Sorprende que en la imaginería cristiana el dolor y la truculencia, lo sanguinolento, superen con creces a la esperanza. Esta afirmación es verdadera sólo en parte. La fe cristiana está más en la Resurrección que en la muerte, desde luego. Lo que celebramos es la resurrección de Cristo. Claro. Sin embargo si nos fijamos en el espacio que ocupan el dolor frente a la esperanza, es relativamente menor el de la segunda. Es más, el ser cristiano da por hecho que hay que pasar por la Cruz antes de la Gloria...nada hedonista, desde luego.
Todo esto, que nada de teológico quiere tener, viene a que la figura del crucificado es mucho más abundante que la del resucitado. Puede deberse, claro, a un simple hecho físico: ¿cómo narrar un hecho tan milagroso, que ni siquiera los Evangelios lo narran con detalle, como la resurrección de un hombre crucificado? Es mucho más sencillo centrarse en algo como las llagas, la sangre, el miedo, pero en definitiva todo esto es lo visible y lo físico.
Así pues, me atrevería a afirmar que la figura del crucificado (y no la del resucitado) es la que domina necesariamente toda la imagienería cristiana. Pero, sobre todo, porque es más fácil de mostrar.
Y así, la poesía, en la que pronto comenzaré a sumergirme, tiene más poemas al dolor de la crucifixión y de lo que lo rodea que a la esperanza de lo que viene después de ésta. Igual que en las iglesias dominan los crucificados frente a los resucitados, el dolor frente a la esperanza, en poesía sucede lo mismo. E iremos viendo, iré descubriendo, qué duda cabe, que parece recrearse en ese dolor, en esa visión, como si en vez de querer dotar de esperanza al ser humano quieran dar temor.
Y es que hay, sinceramente, mucha más poesía del crucificado que del resucitado. O hay más poemas de la Pasión, de lo físico, del temor, de la sangre, que de la esperanza.
No sé si para mí, que quiero estudiar la figura del crucificado en la lírica española barroca, es bueno o malo, lo que sí sé es que es un campo por descubrir.
To be or not to be
Hace 2 semanas
1 comentarios:
¿Será que en el fondo, todos somos unos morbosos?
No sé...
Un abrazo.
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